lunes, 11 de julio de 2011

Helena o el mar del verano

Espantada porque su hija leía novela tras novela del noccivo Federico Moccia, me pidió una recomendación. Le apunté, entre otros libros, Helena o el mar del verano de Julián Ayesta, deliciosa novelita espléndida. A la semana me dijo cuánto le había gustado la novela a ella, pero no a su hija: “Claro, como no ha conocido aquellos veraneos eternos con los primos…” Deduje que a la niña tampoco se le podrá recomendar la Iliada porque no ha conocido aquellas expediciones de los aqueos, ni el Quijote, porque no ha dormido nunca en una venta manchega, ni La isla del tesoro porque no tiene un loro ni una pata de palo... A veces hasta los padres más listos se tragan —será el amor, que es ciego— las más idiotas ideas de sus hijos.
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Pero, ¿quién está libre de parcialidad? ¿No me parece a mí insuperable el estilo de gateo, digamos, de Carmen, que no se rebaja a las cuatro patas, no, ni olvida la vocación humana de tollere vultus ad sidera? Oh.


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5 comentarios:

  1. Impresionante -y elegantísimo- estilo el de tu princesa. Soy fan.

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  2. Qué soltura, qué dominio y qué envidia (cómo pesan los años, propios, viéndola). Señalo ya de paso, perdón por la pedantería, que la excelente novela de Ayesta se llama realmente "Helena o el mar DEL verano". Y vale de veras la pena. Yo la he leído ya unas cuantas veces, a lo largo de los años, y siempre con placer. (Por cierto, doy por hecho que lo del "noccivo" Moccia es un sutil juego de palabras).

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  3. ¡Qué velocidad y que soltura!

    Y esa parada para mirar al cámara, sin perder la concentración ni la compostura e inmediatamente seguir con la carrera.

    Mil veces mejor que cualquier programa de la tele (aunque eso hoy en día no es difícil)

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  4. Una niña con recursos, no habrá quien la pare.
    Por cierto, para tus recomendaciones a hijas de amigas, "Blanca como la nieve, roja como la sangre". Muy buena.

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