Un aforismo de Mario Quintana, que recuerdo a menudo, reza en traducción de Ángel Alonso: “El mayor encanto de los bebés son sus mamás”. Es de una deliciosa y exacta dulzura pícara. Pero compruebo de pronto que la v. o. dice: "O maior encanto dos bebés são as babás", o sea, que “el mayor encanto de los bebés son las niñeras”. No sé si Ángel Alonso se equivocó o se dejó llevar por su subconsciente o ha tenido la audacia genial e infiel de un traductor del siglo de Oro. Sin desmerecer a las niñeras, Dios me libre, está claro que Quintana escribió eso abducido por la aliteración brasileña bebé/babá. Pero que el encanto real está en las mamás. (Y más claro lo veo ahora, que mi mujer acaba de tener a nuestro segundo hijo, Enrique.)
sábado, 11 de junio de 2011
Una lección
Se acaba el curso y los profesores vagamos relajados por los ya casi desiertos pasillos. Un compañero me cuenta lo exigente que es todo el año con la puntualidad, con el usted, con la ropa y con los plazos para la entrega de trabajos y su limpieza. Aplica –hijo de coronel de la Guardia Civil– una disciplina militar. Y me consta que los alumnos al final se lo agradecen. Siempre le he animado mucho, aunque asumiendo que ése no es mi estilo; pero de golpe lo veo claro y empiezo a admirarlo con otros ojos. Mi amigo es —no lo sabe— aristótelico y enseña las virtudes humanas. Yo creo que sólo una conversión radical –una metanoia– serviría para salvar a mis alumnos y me limito a ponernos a esperarla. Pero la cuestión es que enseñar esas virtudes está en nuestra mano y es lo nuestro, mientras que lo otro sólo depende de Dios. Mi colega ha dado una última lección este curso: a mí.
viernes, 10 de junio de 2011
El coste de oportunidad
El concepto fue acuñado por el economista Friedrich von Wieser en su Theorie der gesellschaftlichen Wirtschaft (1914). Consiste en determinar el valor verdadero de una inversión según el de aquellas alternativas que hemos dejado de realizar. A ese concepto casi matemático, el poeta Miguel d'Ors le insufla la dosis justa de elegía, y cincela un verso inolvidable: "A cuántas cosas dice ‘no’ cada ‘sí’ que pronunciamos", de aplicación ininterrumpida en nuestras biografías y hasta en nuestras bloggrafías. Antes, el gran Chesterton había convertido cada acción —cualquiera— en un rito religioso. Puesto que emprender algo implica limitarnos y renunciar a las demás posibilidades, “todo acto es un sacrificio”. Lo que obviamente no le quita valor: se lo da.
jueves, 9 de junio de 2011
Terribles y voraces
La serie “Love story” de Un secreto temblor (Pre-Textos, 2011) de Juan Meseguer (Madrid, 1981) es puro misticismo 2.0. Puro y duro . Es muy curioso que no nombre a san Juan de la Cruz en la larguísima lista de agradecimientos-amistades-atenciones-nominaciones-admiraciones que cierra el libro, y más raro aún que no miente a José-Miguel Ibáñez Langlois con cuyos Poemas dogmáticos comparte delicioso descaro. De todos sus poemas, mi preferido es este epigrama, donde habla con el Señor:
................CUESTIÓN DE GUSTOS
Guapas y piadosas eran
las muchachas que siempre me han querido.
Yo, en cambio, las prefería
terribles y voraces
como mi corazón y el tuyo.
miércoles, 8 de junio de 2011
martes, 7 de junio de 2011
Un método de crítica
Leyendo a Benítez Ariza siento que escribe —así disecciona los sentimientos y la realidad— con un bisturí. No es extraño, pues su admirado T. S. Eliot también practicaba una literatura quirúrgica. Un método curioso de crítica literaria sería descubrir con qué escribe cada cual. Gabriel Miró, con un pincel al óleo; con un pincel para acuarelas, JRJ; y Azorín con uno, minucioso, mojado en tinta china. Con el alma en las manos, Cervantes. Lanza en ristre, Unamuno. Con una batuta (y una banda), Valle. Con un cayado, Machado. La pluma de Chesterton fue una pértiga de juguete con la que su enorme envergadura lograba, qué milagro, saltar más allá. La de Mario Quintana, una varita mágica. Un estoque blande Quevedo. Góngora gasta unas pinzas. García Lorca, una ramita de olivo. Y así…
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