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jueves, 23 de junio de 2011

¡A la carga!

Tener un hijo es milagroso e infinitamente mejor que no tener ninguno; y tener dos es el doble; y así —supongo y espero—  en progresión geométrica. Una ventaja específica del segundo es que obliga al padre tradicional (esto es, a mí, sin ir más lejos) a entrar en primera línea de la batalla doméstica. Una madre amorosa y entregada (esto es, mi mujer) se basta y se sobra para criar ella sola a un unigénito, mientras el marido se va quedando en una tan cómoda como difuminada retaguardia. Ha sido llegar el segundo, sin embargo, y en cinco días he intimado más con nuestra hija mayor que en los doce meses anteriores. Éste ha venido con un plan debajo del brazo: la plena incorporación de su padre al frente de la lucha familiar. Dios se lo pague.

sábado, 11 de junio de 2011

Traductores y bebé


Un aforismo de Mario Quintana, que recuerdo a menudo, reza en traducción de Ángel Alonso: “El mayor encanto de los bebés son sus mamás”. Es de una deliciosa y exacta dulzura pícara. Pero compruebo de pronto que la v. o. dice: "O maior encanto dos bebés são as babás", o sea, que “el mayor encanto de los bebés son las niñeras”. No sé si Ángel Alonso se equivocó o se dejó llevar por su subconsciente o ha tenido la audacia genial e infiel de un traductor del siglo de Oro. Sin desmerecer a las niñeras, Dios me libre, está claro que Quintana escribió eso abducido por la aliteración brasileña bebé/babá. Pero que el encanto real está en las mamás. (Y más claro lo veo ahora, que mi mujer acaba de tener a nuestro segundo hijo, Enrique.)