jueves, 20 de septiembre de 2012

Limosnas

Escribí el artículo para decir, un tanto digresivamente, "Dios os lo pague" a varios amigos que se dejaron el resto en ayudarme a corregir los versos de mi traducción de Tomas Moro de Shakespeare y otros, que está al salir. Luego me pareció que daba, efectivamente, demasiadas vueltas para algo que se dice pronto, y quise no enviar el artículo a Misión. Pero Jaime dijo que sí, que lo enviara, y a la directora de la revista, a la que expuse, como suelo, mis dudas, también le pareció bien. Ahora os remito al pdf porque el ilustrador me ha hecho otra limosna y gracias a su obra, mi artículo o, mejor dicho, mi página merece mucho la pena. Cómo me gusta lo suyo. Por eso, aunque tarda un poco en cargarse y hay que andar buscando la pág. 14, os remito a verla allí

miércoles, 19 de septiembre de 2012

martes, 18 de septiembre de 2012

domingo, 16 de septiembre de 2012

Una errata esperanzadora o una ultracorrección correctísima

El título del artículo era "¡Viva Expaña!". Se ve que el patriotismo no ha muerto del todo, al menos en el corrector de estilo del Diario de Cádiz, y eso que avisé. Hay que alegrarse. 

(De que se coman los puntos y aparte aún no he encontrado una explicación satisfactoria.)

jueves, 6 de septiembre de 2012

Nabokov


En la célebre entrevista para el programa Apostrophes, siempre interesante, a ratos inquietante, con golpes desternillantes, y entrevistadores sobrepasados, Vladimir Nabokov dice que no se arrepiente en absoluto de la metamorfosis del escritor en ruso que fue en el escritor en inglés que es. La curiosidad es si al hablar de metamorfosis, el ilustre entomólogo está pensando en los lepidópteros o si el ilustre escritor está pensando en Ovidio. La cuestión, sin embargo, está clara y se agradece: para un escritor cambiar de lengua es cambiar de naturaleza. 

[En Ambos mundos algo sobre sus cuentos]

miércoles, 5 de septiembre de 2012

1004.4 Bolas Bolinaga

 El 1004. 4 del Reglamento Penitenciario dice que "los penados enfermos muy graves con padecimientos incurables, según informe médico, con independencia de las variables intervinientes en el proceso de clasificación, podrán ser clasificados en tercer grado por razones humanitarias y de dignidad personal, atendiendo a la dificultad para delinquir y a su escasa peligrosidad".

domingo, 2 de septiembre de 2012

Cincuenta sombras, una luz

Como digo, las novelas son para el verano. Pero hay novelas y noverlas, que avisaban los moralistas clásicos, esos maestros. Esta temporada ha arrasado Cicuenta sombras, cosa por lo visto aproximadamente pornografiquilla y sadicona. Millones de ejemplares vendidos. Me quemaba la sangre, no por mis libros vendidos con cuentagotas, que cuento con eso, sino porque me daba un índice alarmante de la decadencia de mi admirada alta sociedad [snob, digo, sic] y de la sociedad en general. Por otro lado, la gente que la leía aseguraba que estaba mal escrita y que era mala, pero que estaban enganchados, con lo que lo empeoraban todo.

Leí una crítica de la psicoanalista Mariela Michalena, en la que explicaba el éxito del engendro por la necesidad interna de muchas mujeres, incluso liberadas y profesionales, de someterse al hombre. Esa patalogía, dice la experta, es más común de lo que parece, y está detrás de muchos casos de malos tratos, etc. La casualidad, esa colaboradora impagable de trabajo, quiso que resonara ese mismo día en la lectura de la misa Eph. 5, 22-33, o sea, el famoso fragmento que los príncipes William y la Middleton (la hermana de Pipa, cuyo nombre he olvidado) alteraron tan campantes y modernos. O sea, aquellos de "mujeres, someteos a vuestros maridos". Y entonces lo vi chestertonianamente claro. Los vicios de hoy son virtudes cristianas que se han independizado y van por ahí, solas, locas, descentradas. San Pablo propone esa sumisión, sí, pero a un hombre que está dispuesto a dar la vida por nosotros, y eso parece horroroso al mundo. Pero si la sumisión es sumisa y a cualquiera, se vende como rosquillos. Y viceversa, Werther y demás suicidios por amor, recordé. San Pablo propone que el hombre dé la vida por su mujer, pero la literatura se ha quedado con dar (quitar) la vida a las primeras de cambio, y ahí tenemos los excesos funerarios románticos, también desligados de su justa correspondencia y de su sentido.

Esa es la idea, que debería explicar mucho mejor, pero mi mujer me llama para que baje a la playa cargando sombrilla, sillas, toallas...