jueves, 30 de junio de 2011

Recuperaciones


Son tan pocos los alumnos que he suspendido, que me puedo permitir el lujo de leer mientras ellos hacen, muy separados unos de otros, sus exámenes de recuperación. Hay un silencio cargado de concentración intelectual, como en las bibliotecas, pero con esa potencia mayor que da el riesgo y la última oportunidad. El aire está electrificado por las neuronas a máximo rendimiento y eso propicia una lectura intensa. Cómo quisiera mostrar a estos alumnos, los menos aplicados de todos, cuánto placer, qué intenso, hay en el estudio, en el conocimiento, en la verdad y en la belleza. Cuando recoja el examen, se lo diré. Si aprendiesen eso en el tiempo de descuento, todo este largo curso estaría justificado de sobra, con creces.

miércoles, 29 de junio de 2011

Estacas

Como todo nos habla, me preguntó qué querrá decirnos la paradoja de que para ordenar una biblioteca haya que desordenarla tanto. O qué que salgan precisamente con agua las manchas de humedad. Todo nos habla, aunque no entendamos el idioma casi nunca. Sin embargo, lo que me querían decir las estacas que trataban de enderezar los jóvenes árboles del parque sí lo he entendido bien y a la primera esta mañana. Las estacas son maderas muertas, pero sin ellas se torcerían irremediablemente los arbolillos. Recordé a mis muertos, cuya memoria me mantiene erguido y recto, tratando de hacerme digno y grande. Alegres, los arbolillos agitaban sus tiernas ramas verdecidas, guiñándome, como a un colega.

Lo que toca

Poca cosa. 

lunes, 27 de junio de 2011

España es un páramo intelectual

En las dos líneas que ocupo en el monumental reportaje de Peyró me caben dos honores: 1) estar y 2) ser el único que da una nota positiva sobre la cultura de España.

Teniendo en cuenta el prestigio de la protesta indignada y, en este caso, sus más razones que un santo, me pregunto por qué seré tan cándido. Y se me ocurren varias excusas:
1- La poesía mala no existe, porque si mala no es poesía (Excusa ontológica).
2- A un poeta, que el mercado esté mal o el público no eche cuenta, no le importa porque él no existe por principio ni para el mercado ni para el público (Excusa de la reciprocidad).
3-Lo que digo es verdad. Qué interesante recepciones en estos últimos años las de la poesía de Europa del Este y, mucho más al este, de la poesía japonesa y china. Y también lo que dije y no se recoge: la consolidación de un canon de poesía española y de un continuum que arranca en Bécquer y se puede seguir, de maravilla en maravilla, hasta hoy mismo. (No es excusa, sino orgullo)
y 4- También me quejé de los suplementos y de la crítica y del afán de descubrir una novedad cada temporada, pero eso Peyró, para no borrarme la sonrisa, tuvo a bien no recogérmelo. (Excusa del género entrevista)

domingo, 26 de junio de 2011

Eureka

Lamento que en mi artículo tengan tanto peso mis lamentaciones, vaya, cuando se trataba de celebrar que encontré otra vía, ¡eureka

viernes, 24 de junio de 2011

Cubanización


Viendo las fotos de la exposición “Os adeuses” de Alberto Martí, que retratan magistralmente la emigración gallega a Hispanoamérica en los años 50, sorprende lo bien vestidos que van todos y la dignidad que emanan, a pesar de su pobreza. En cambio, miro alrededor y me sofoca lo caribeños que vamos por aquí. Pantalones cortos, camisetas sin mangas, camisetas manga (con dibujos raros), chándales y sobre todo chanclas, chanclas y babuchas, y nada muy limpio. Junto al desarreglo, cuánta desgana e hipotensión. Sobre nuestra crisis, se ha escrito que los españoles queremos vivir como norteamericanos y trabajar como cubanos. Sin duda, un paso para salir de la crisis sería andar con más brío y vestirnos más y mejor. 

jueves, 23 de junio de 2011

¡A la carga!

Tener un hijo es milagroso e infinitamente mejor que no tener ninguno; y tener dos es el doble; y así —supongo y espero—  en progresión geométrica. Una ventaja específica del segundo es que obliga al padre tradicional (esto es, a mí, sin ir más lejos) a entrar en primera línea de la batalla doméstica. Una madre amorosa y entregada (esto es, mi mujer) se basta y se sobra para criar ella sola a un unigénito, mientras el marido se va quedando en una tan cómoda como difuminada retaguardia. Ha sido llegar el segundo, sin embargo, y en cinco días he intimado más con nuestra hija mayor que en los doce meses anteriores. Éste ha venido con un plan debajo del brazo: la plena incorporación de su padre al frente de la lucha familiar. Dios se lo pague.

miércoles, 22 de junio de 2011

domingo, 19 de junio de 2011

Dos trampolines para un solo salto

No creo que fuese el aforismo de san Josemaría Escrivá de Balaguer que yo escogería entre todos, pero es el que más vuelve a mi memoria:
Admira la bondad de nuestro Padre Dios: ¿no te llena de gozo la certeza de que tu hogar, tu familia, tu país, que amas con locura, son materia de santidad?
......................................Forja, nº 689. 
***

OTRO INCONFORMISMO

Si hago un poema, ataco al capitalismo, pues dedico mi tarde a una tarea que está por encima —o por debajo, según salga el poema— de las leyes de la oferta y la demanda. Si escojo mis lecturas, discrimino por estrictos criterios aristocráticos. Si me acuesto con mi mujer, me salto con suerte todos los controles (de natalidad). Si sonrío, venzo la ley de la gravedad (vía). Si no veo las noticias, anulo a los políticos, cuyo fin son los medios. Si hago mi trabajo, me rebelo contra el totalitarismo de la pereza. Si amo a mi patria y lo digo, empiezo —están así las cosas— a ser un héroe. Si amo al mundo, lo mismo; y si digo la verdad, me levanto contra el príncipe de este mundo. Si voy a misa, vuelvo del revés los relojes. Si escribo esto es porque otro inconformismo es posible.

viernes, 17 de junio de 2011

La fortuna de los pobres


Pedro Sevilla acaba de publicar sus memorias, tituladas La fuente y la muerte. Describe su infancia de postguerra campesina en Arcos de la Frontera y de padre emigrante en Alemania, y lo hace con una belleza áspera impresionante. Dedica casi un capítulo completo a describir la alegría de entonces, más honda y más a flor de piel que la de ahora, donde tantas cosas nos sobran, dice. Pero remata su texto con una frase poco feliz: “La alegría es la venganza de los pobres”. Qué pena. A un escritor tan fino como él no debería habérsele pasado que al convertirla en vengativa la rebaja o la mancha. La alegría es, como nos había demostrado en los párrafos anteriores, la fortuna purísima de los pobres. 

martes, 14 de junio de 2011

Triple salto mortal

Uno,

dos

y tres

La muerte de uno de los inmortales


“Morirse es una costumbre/ que sabe tener la gente”, escribió Borges una vez en una milonga muy citada. Más veces afirmó que es el momento más importante de una vida: el que nos revela el destino secreto y auténtico de cada hombre. Celebremos el 25 aniversario de su muerte (14-6-1986), recordándola. Merece la pena.
El 19 de junio de 1986 Pedro Serela, enviado especial de El País a Ginebra para cubrir los funerales de Borges, daba puntual noticia del acto religioso: “Dos sacerdotes lo oficiaron. El protestante habló durante media hora en un tono de resonancias proféticas. Parafraseó a partir del Génesis sobre la creación de la luz, y agradeció a María Kodama, la viuda de Borges, el haber sido ‘sus ojos, sus manos, su corazón. Nunca le olvidaréis’, le anunció. El sacerdote católico reveló que había asistido al escritor moribundo la noche antes de su muerte, y dijo haber percibido a través de sus manos la gran pasión de Borges por la vida”. La manera de narrar las dos prédicas —su contraste— habría sido del agrado del gran escritor, tan aficionado a los matices significativos.
Nos permite vislumbrar detalles de una gran importancia, y no sólo personal, también literaria, puesto que la obra de Borges gira obsesivamente sobre los interrogantes de la muerte, de la eternidad, de la existencia de Dios o no y de la figura de Jesucristo. ¿Fue su muerte un final esclarecedor, como solía serlo en sus milimetrados textos, un final que nos daba la clave de su vida y la respuesta a todas las preguntas que, libro a libro, había ido haciéndose con creciente gravedad? En el poema “Cristo en la cruz” de su último libro, Los conjurados confesó: “El rostro no es el rostro de las láminas./ Es áspero y judío. No lo veo/ y seguiré buscándolo hasta el día/ último de mis pasos por la tierra”.
A Dios en sus tanteos lo había llamado “Dios o Tal Vez o Nadie”, pero siempre con la mayúscula del anhelo. Dios nos libre de las fiebres freudianas, y más en el caso de Borges. Nada de subconsciencias con él, que fue consciente del enfrentamiento teológico que había heredado de sus padres: “Mi madre era católica, como todas las señoras argentinas, sin entender absolutamente nada de religión. Mi padre era librepensador, como todos los señores argentinos”. Resulta curioso, y un tanto machista, que Borges recalque que su madre no entendía, mientras que no objeta nada a los fundamentos teóricos del librepensamiento paterno. Ese enfrentamiento de los padres lo hizo suyo y de su obra: “En el orden intelectual soy un hombre desgarrado hasta el escándalo por sucesivas y contrarias lealtades”. En la narración “El otro” deja entrever cuánto le dolían de muchacho las constantes bromas de su padre contra la fe, que herirían a su madre. Dubitativo hasta el final, cumplió siempre, sin embargo, un encargo de ella: rezar cada noche un avemaría. Y cuando describió la muerte de su padre, convirtió la ceguera paterna (que él había heredado) en un símbolo quizá de su relación con la religión. Lo que está claro es que se negó a enterrarlo sin más ni más en la nada: “Te hemos visto morir sonriente y ciego,/ nada esperabas ver del otro lado,/ pero tu sombra acaso ha divisado/ los arquetipos últimos que el griego/ soñó y que me explicabas. Nadie sabe/ de qué mañana el mármol es la llave”.
El filósofo Héctor Zagal constata que, a diferencia de lo común en sus tiempos, a Borges lo que le costaba era creer en la inexistencia divina. Había escrito: “El Universo requiere la eternidad. Los teólogos no ignoran que si la atención del Señor se deviara un solo segundo de mi mano derecha que escribe, ésta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Por eso afirman que la conservación de este mundo es una perpetua creación y que los verbos conservar y crear, tan enemistados aquí, son sinónimos en el cielo”. [¿Hace falta decir que esa equiparación de los verbos "conservar" y "crear" me resulta especialmente sugerente?]
También por nobleza de carácter (que tiene su peso en estas cuestiones) Borges tendía a creer en la inmortalidad de los que amaba y de las cosas bellas (el arquetipo del soneto, por ejemplo) y a desear lo mejor a todos: “Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno”. A pesar de sus dudas, nunca perdió ni el vivísimo interés (“Los católicos argentinos creen en un mundo ultraterreno, pero he notado que no se interesan por él. Conmigo ocurre lo contrario: me interesa y no creo”) ni un resquicio de esperanza: “Melancólicamente, no creo en Dios. Pero es tan extraño este mundo que no quisiera excluir la posibilidad de un ser omnipotente”.
El mayor reparo para su fe fue la idea de su propia pervivencia personal. Borges consideraba un castigo seguir siendo Borges para siempre. En realidad, ese encierro eterno y hermético en el ego que él confundía con la eternidad es, en buena doctrina católica, una descripción cartográfica del infierno. En Calista, la novela de J. H. Newman, le explican a la joven conversa que el Cielo es un continuo salir del alma de sí misma en arrebatos de amor y dicha. No haber recibido una buena catequesis atormentó las imágenes de la eternidad que se hacía el escritor argentino, y le llevó a intentar desear, como una tabla de salvación, la muerte completa y total: “Una oscura maravilla nos acecha,/ la muerte, ese otro mar”.
No lo consiguió del todo nunca. La cuarteta puesta en boca de “Almotásim el Magrebí”, un apócrifo poeta del siglo XII, recoge muy bien y muy pudorosamente y con fina perspicacia (véase eso de que el pasado es la estación más propicia a la muerte) el sentir auténtico del verdadero Borges: “Murieron otros, pero ello aconteció en el pasado,/ que es la estación (nadie lo ignora) más propicia a la muerte./ ¿Es posible que yo, súbdito de Yakub Almansur, muera/ como tuvieron que morir las rosas y Aristóteles?” Y con otra técnica de distanciamiento, el humor, este breve cuento tampoco parece ser ajeno a sus dudas sobre la posibilidad de una muerte total y definitiva:“—Distraídos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba con la navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba infinitamente la Comparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja... Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo. Z (burlón): —Pero sospecho que al final no se resolvieron. A (ya en plena mística): —Francamente, no recuerdo si esa noche nos suicidamos”.
Al final, por lo visto, no creyó nada en la muerte. Siendo bastante más breve que su acompañante protestante, el cura católico dijo mucho más en su homilía del funeral. Que lo atendió, nada menos, y que se percibía a través de sus manos el gran amor de Borges por la vida. ¿Qué signo harían esas manos?, nos preguntamos todos los lectores de Retorno a Brideshead. A todo lector de Borges, acostumbrado a sus flirteos con la muerte, ese amor postrero a la vida ha de emocionarle.
Sí sabemos con certeza lo que hicieron sus labios: cuáles fueron sus últimas palabras. Las recoge Bioy Casares, al que se las había detallado Bernès, testigo presencial: “Murió diciendo el Padre Nuestro. Lo dijo en anglosajón, en inglés antiguo, en inglés, en francés y en español”. Por si hubiera dudas.


Gilbert Keith Chesterton, un premio gordo

sábado, 11 de junio de 2011

Traductores y bebé


Un aforismo de Mario Quintana, que recuerdo a menudo, reza en traducción de Ángel Alonso: “El mayor encanto de los bebés son sus mamás”. Es de una deliciosa y exacta dulzura pícara. Pero compruebo de pronto que la v. o. dice: "O maior encanto dos bebés são as babás", o sea, que “el mayor encanto de los bebés son las niñeras”. No sé si Ángel Alonso se equivocó o se dejó llevar por su subconsciente o ha tenido la audacia genial e infiel de un traductor del siglo de Oro. Sin desmerecer a las niñeras, Dios me libre, está claro que Quintana escribió eso abducido por la aliteración brasileña bebé/babá. Pero que el encanto real está en las mamás. (Y más claro lo veo ahora, que mi mujer acaba de tener a nuestro segundo hijo, Enrique.) 

Una lección

Se acaba el curso y los profesores vagamos relajados por los ya casi desiertos pasillos. Un compañero me cuenta lo exigente que es todo el año con la puntualidad, con el usted, con la ropa y con los plazos para la entrega de trabajos y su limpieza. Aplica –hijo de coronel de la Guardia Civil– una disciplina militar. Y me consta que los alumnos al final se lo agradecen. Siempre le he animado mucho, aunque asumiendo que ése no es mi estilo; pero de golpe lo veo claro y empiezo a admirarlo con otros ojos. Mi amigo es —no lo sabe— aristótelico y enseña las virtudes humanas. Yo creo que sólo una conversión radical  –una metanoia– serviría para salvar a mis alumnos y me limito a ponernos a esperarla. Pero la cuestión es que enseñar esas virtudes está en nuestra mano y es lo nuestro, mientras que lo otro sólo depende de Dios. Mi colega ha dado una última lección este curso: a mí. 

viernes, 10 de junio de 2011

El coste de oportunidad


El concepto fue acuñado por el economista Friedrich von Wieser en su Theorie der gesellschaftlichen Wirtschaft (1914). Consiste en determinar el valor verdadero de una inversión según el de aquellas alternativas que hemos dejado de realizar. A ese concepto casi matemático, el poeta Miguel d'Ors le insufla la dosis justa de elegía, y cincela un verso inolvidable: "A cuántas cosas dice ‘no’ cada ‘sí’ que pronunciamos", de aplicación ininterrumpida en nuestras biografías y hasta en nuestras bloggrafías. Antes, el gran Chesterton había convertido cada acción —cualquiera— en un rito religioso. Puesto que emprender algo implica limitarnos y renunciar a las demás posibilidades, “todo acto es un sacrificio”. Lo que obviamente no le quita valor: se lo da. 

jueves, 9 de junio de 2011

Y un verso precioso de Javier Sánchez Menéndez

Llevo toda la vida mirando las estrellas. 

Terribles y voraces

La serie “Love story” de Un secreto temblor (Pre-Textos, 2011) de Juan Meseguer (Madrid, 1981) es puro misticismo 2.0. Puro y duro . Es muy curioso que no nombre a san Juan de la Cruz en la larguísima lista de agradecimientos-amistades-atenciones-nominaciones-admiraciones que cierra el libro, y más raro aún que no miente a José-Miguel Ibáñez Langlois con cuyos Poemas dogmáticos comparte delicioso descaro. De todos sus poemas, mi preferido es este epigrama, donde habla con el Señor:
................CUESTIÓN DE GUSTOS
Guapas y piadosas eran
las muchachas que siempre me han querido.
Yo, en cambio, las prefería
terribles y voraces
como mi corazón y el tuyo. 

martes, 7 de junio de 2011

Un método de crítica

Leyendo a Benítez Ariza siento que escribe —así disecciona los sentimientos y la realidad— con un bisturí. No es extraño, pues su admirado T. S. Eliot también practicaba una literatura quirúrgica. Un método curioso de crítica literaria sería descubrir con qué escribe cada cual. Gabriel Miró, con un pincel al óleo; con un pincel para acuarelas, JRJ; y Azorín con uno, minucioso, mojado en tinta china. Con el alma en las manos, Cervantes. Lanza en ristre, Unamuno. Con una batuta (y una banda), Valle. Con un cayado, Machado. La pluma de Chesterton fue una pértiga de juguete con la que su enorme envergadura lograba, qué milagro, saltar más allá. La de Mario Quintana, una varita mágica. Un estoque blande Quevedo. Góngora gasta unas pinzas. García Lorca, una ramita de olivo. Y así… 

lunes, 6 de junio de 2011

¿Por qué callé yo?

Soy un bocazas y un metepatas constante y, sin embargo, mis más pesados cargos de conciencia son por las pocas veces (poquísimas) en que cierro el pico. La última, en mi instituto público de Enseñanza Secundaria. Voy por el pasillo y escucho la conversación de una chica y un chico. No son alumnos míos ni los conozco de nada. Él le pregunta a ella con voz melosa qué va a hacer esa tarde. Ella contesta que irá a la catequesis de post comunión. Yo, claro, me intereso con precipitación gozosa. Él parece contrariado. Ella, firme. Al final, él suelta con muy mala uva: “¡Beata!”. (Yo me callo, maldición.) Y como se separan, porque no son del mismo curso, él sigue pasillo abajo revolviéndose y gritándole: “Beata, beata …”, cada vez más alto. 

domingo, 5 de junio de 2011

Que corra la voz

Me limito a expandir la noticia. Aquí, sin embargo, diré cuánto me extraña el comentario de Rowan Williams de que "no era un santo". Mi sospecha es la siguiente: ya que no lo dirá por esas acusaciones de homosexualidad a cuenta de algunos sonetos de WS, pues Rowan ha casado felizmente a cuantos homosexuales se le han puesto a tiro y hasta los ha ordenado obispos, debe de ser por haber permanecido católico en secreto, por no haber dado la cara, como quien dice. Pero entonces el Arzobispo de Canterbury recordaría lo que ellos hacían con los católicos que trincaban, y por eso, tal vez avergonzado, lo que le honra, huyendo de su propio subconsciente, nos sale con que no era santo por haberse retirado prudentemente (quizá para quitarse de en medio) a administrar sus rentas. Es una de las frases más estúpidas que decirse puedan. Es sólo una hipótesis (no lo de la estupidez de la frase, sino el proceso mental de Rowan Williams), que conste. 

sábado, 4 de junio de 2011

Una presencia real

The Catholic Revival in English Literature, 1845-1961, es un apasionante ensayo de Ian Ker, que ignoro si esta traducido al español o si alguna editorial traducirá pronto,  que debería. Explica el deslumbramiento de John Henry Newman ante la realidad de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, valga como subrayado la redundancia. Entre otras cosas, al ser real, le liberaba del asfixiante subjetivismo sentimental del protestantismo y de esa necesidad de los pastores protestantes de marcar el terreno de lo sagrado con su solemnidad o con su cultura marcadamente superior. 

También, pienso yo, la Eucaristía nos libera de tener que desear la muerte para encontrarnos con Dios. Qué misericordia la de Jesús, que nos da un motivo teológico para seguir amando, como nos pide el cuerpo, esta vida, en la que podemos entrar íntimamente en contacto con Él, y viceversa. Morir, moriremos, pero no hay prisa ni aun por urgencias de amor místico. Con comulgar basta. 

viernes, 3 de junio de 2011

Más o menos

Es casi imposible poner un pero a esta glosa de Antonio Machado: 
Recordad el proverbio de Castilla: ‘Nadie es más que nadie’. Esto quiere decir cuánto es difícil aventajarse a todos, porque, por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre. 
Pero yo quizá preferiría que el refrán rezase: “Nadie es menos que nadie”, para dejar claro que todos tenemos la mayor dignidad, sí, aunque por el mérito personal podemos ser más que alguien… sin que por eso ninguno sea menos que nosotros. ¡Nos hace tanta falta postular hoy el mérito! El mismo Machado ya se dio cuenta, y añadía, socarrón: 
¿Comprendéis ahora por qué los grandes hombres solemos ser modestos?
Qué grande.

miércoles, 1 de junio de 2011

Una espléndida noticia

ROMA, 1 (EUROPA PRESS) El arzobispo anglicano de Canterbury, Rowan Williams, ha afirmado que "probablemente" el escritor William Shakespeare era "católico", en un encuentro celebrado con el actor Simon Russel Beale durante el Festival Hay de arte.
El arzobispo de Canterbury ha subrayado que "hay cosas en sus obras que no se pueden entender sin comprender los conceptos de perdón y de gracia" que existen en el catolicismo y no en el protestantismo.
Además, el arzobispo Williams ha subrayado que Shakespeare "ha luchado con las preguntas de la humanidad" y "ha concluido diciendo que hay mucho más en todo esto de lo que se puede pensar". Según ha destacado el arzobispo de Canterbury, una parte de este "misterio" se puede "encontrar en sus obras", algo que "parece imposible sin que tuviera una idea de lo sagrado".
Williams ha explicado que "no cree que el hecho de que sea católico o protestante nos diga nada sobre él" pero ha asegurado que considera que "tenía algún pasado católico y grandes relaciones católicas".
No obstante, el arzobispo ha destacado que no sabe "cuánto creía o qué hacía en lo que concierne a su fe", aunque ha afirmado "que si era un cristiano, no era un santo" porque "no era un hombre muy agradable en varios aspectos y esto es algo que sorprende mucho".
06/01/19-34/11

Ya lo dijimos, pero que lo declare el Arzobispo de Canterbury tiene un plus de autoridad, aunque esté mal que lo diga un papista como yo. Además, lo declara de tal modo, con un retintín puritano, ¡él, Rowan Williams!, que casi me ha dado hecho el artículo del domingo…

Un artículo impotente